Ahorro

Cómo hacer la compra semanal con presupuesto

Método sencillo para fijar un presupuesto de compra semanal, repartirlo por categorías y ajustarlo con tu ticket real sin pasarte.

Por la redacción de El manual de la compraActualizado el 3 min de lectura
Ilustración de Cómo hacer la compra semanal con presupuesto
Ilustración original de El manual de la compra.
En breve

Un presupuesto de compra no sirve para privarte de nada, sino para saber cuánto gastas, en qué y qué puedes mejorar. Se empieza midiendo el gasto real de cuatro semanas.

En este artículo
  1. Parte del dato real
  2. Divide el gasto por categorías
  3. Fija un objetivo razonable
  4. Convierte el presupuesto en una lista
  5. Revisa el ticket y ajusta
  6. Errores frecuentes

Hacer la compra con presupuesto suena a recorte, pero funciona al revés: te da información. Cuando sabes cuánto gastas en cada categoría, dejas de comprar a ciegas y empiezas a decidir. El método que sigue sirve para una persona, una pareja o una familia, y no necesita ninguna aplicación.

Parte del dato real

El primer paso es averiguar cuánto gastas hoy. Reúne los tickets o los extractos de las últimas cuatro semanas y suma lo que has destinado a alimentación, limpieza e higiene. Si no guardas los tickets, empieza a hacerlo desde esta semana. Conviene insistir en este punto: cualquier cifra inventada de antemano es una suposición, y es muy probable que se aleje de la realidad.

Con las cuatro semanas a la vista, calcula la media semanal. Ese número es tu punto de partida, no un objetivo.

Divide el gasto por categorías

Una vez tienes el total, repártelo en bloques. Una división habitual separa los alimentos frescos (fruta, verdura, carne, pescado, huevos y lácteos) de la despensa (arroz, pasta, legumbres, aceite, conservas), del hogar y la limpieza, de la higiene personal y de los caprichos. Cada hogar reparte de forma distinta, y lo importante no es que coincida con ningún modelo, sino que veas cuál de los bloques crece más de lo que esperabas.

Es frecuente descubrir que los frescos pesan menos de lo que se creía y que los pequeños extras (bebidas, dulces, platos preparados) suman más de lo imaginado.

Fija un objetivo razonable

Evita los recortes drásticos. Un objetivo prudente es reducir un pequeño porcentaje del total y mantenerlo durante un mes. Si recortas demasiado, es probable que abandones el método a las dos semanas. Conviene además tener en cuenta que los precios cambian, y que parte de lo que gastas depende de factores que no controlas; en por qué suben y bajan los precios explicamos algunos de ellos.

Si haces una compra grande semanal y una o dos de reposición (fruta, pan), asigna una cantidad a cada una. Así sabes cuánto te queda para el resto de la semana tras la primera compra.

Convierte el presupuesto en una lista

El presupuesto cobra sentido cuando se traduce en una lista. Escríbela según tu límite, marca los productos prioritarios y deja una línea de imprevistos con un importe máximo. Puedes partir de la lista de la compra semanal, organizada por secciones del supermercado para que recorras la tienda una sola vez.

A la hora de comprar, el comparador de precios por supermercado te da una idea de cuánto cuestan los básicos en cada cadena y te ayuda a poner cifras realistas en cada línea.

Revisa el ticket y ajusta

Al volver a casa, compara el ticket con el presupuesto. Pregúntate qué ha subido, qué se ha desperdiciado y qué podrías sustituir. Ese repaso semanal de cinco minutos es lo que distingue un presupuesto vivo de uno que se abandona. Cuando los precios cambien o cambie tu situación, ajusta el límite.

Errores frecuentes

El error más habitual es presupuestar sin datos. Otro es no incluir el desperdicio: la comida que se tira forma parte del gasto real, y reducirla (hay ideas en cómo reducir el desperdicio de comida) suele ser el ahorro más rápido. Por último, las compras pequeñas y frecuentes "de última hora" suelen salir más caras que una compra planificada, y un presupuesto que no se revisa cada mes se queda obsoleto.

No hay una cifra semanal válida para todos: depende del tamaño del hogar, la ciudad, la dieta y los ingresos. Por eso conviene partir siempre de tu gasto real y apoyarse en una simple hoja de cálculo con fecha, establecimiento, importe y categoría.